Desde pequeña, nunca me sentí especialmente motivada dentro del aula. Si tuviera que ponerle nombre a esa sensación que muchas veces me acompañaba, sería el aburrimiento. Lejos de alejarme de la educación, esto me llevó a cuestionarla y a preguntarme cómo podía ser diferente.
Hace cinco años terminé la carrera y, con el tiempo, entendí que aquello que yo sentía no era algo aislado. Muchos niños y niñas pierden la curiosidad y las ganas de aprender cuando no se sienten comprendidos. Y ahí es donde nace mi propósito.
Por eso decidí crear One Academy, un espacio donde la educación se vive de otra manera. Un lugar en el que los niños y niñas encuentran algo fundamental: sentirse entendidos. Aquí, el profesorado no es solo quien enseña, sino quien acompaña desde la cercanía, como un hermano o hermana mayor, generando una confianza real que facilita el aprendizaje.
Creo firmemente que los niños ya tienen algo muy valioso: la creatividad. No hay que dársela, sino protegerla y potenciarla. Mi objetivo es que nunca se apague, y que tanto alumnos como docentes encuentren nuevas formas de aprender y enseñar desde la curiosidad, la emoción y la conexión.
Sigo aprendiendo cada día, creciendo junto a mi alumnado y trabajando para construir una educación más humana, más cercana y, sobre todo, más viva.
